Siempre que escribas lo que desees escribir, eso es lo único que importa; y si importa por siglos o solo por horas, nadie puede decirlo» Virginia Woolf

Muchas personas nunca muestran a los demás lo que escriben. Otras, queriendo hacerlo, temen el rechazo de una crítica despiadada que derrita sus ganas de seguir expresando su mundo interno. Las menos se arriesgan al escrutinio y otras pocas sobreviven a él perseverando en el oficio.

Escribir siempre es exponerse y comienza con el peor crítico de todos: uno mismo. En la privacidad que nos regala la hoja o la pantalla del computador, botamos a la basura cientos de historias que no pasan la prueba de la blancura.

Tengo la impresión de que es la historia la que persevera en uno cuando vale la pena escribirla. Combate todas nuestras críticas y surge renovada todas mientras sigamos atentos escuchando, conectados con ese mismo espíritu de supervivencia.

Si la historia resulta una sobreviviente, el riesgo y la exposición son lo menos que podemos hacer para agradecerle.